
La desconexión de siempre: cuando los candidatos a constituyentes hablan, pero no comunican
La Lupa Medios
La mayoría de la ciudadanía no tiene idea de qué es un constituyente, qué rol va a cumplir ni qué se va a modificar en esta reforma constitucional. ¿Cómo lo van a saber, si nadie lo explica? Y si la gente no comprende de qué se trata esta elección, mucho menos puede acceder a las propuestas de quienes se postulan. En vez de simplificar, acercar y hacer accesible un tema complejo, se sigue hablando en clave política, como si todos los ciudadanos vivieran dentro de una unidad básica.
Algunos candidatos intentan hablar de propuestas, sí, pero muchas siguen girando en torno a los debates internos de la política, en un lenguaje alejado de la realidad cotidiana de la gente. Se habla para convencer al militante propio, no para informar o convocar al vecino común. Como si el objetivo fuera reforzar identidades partidarias antes que construir puentes.
Y a eso se suma otro clásico: el ataque al opositor. En lugar de posicionar ideas, se dedican a remarcar lo malo del otro. Lo importante no parece ser qué quiero proponer, sino por qué el de enfrente no merece estar. Esa lógica, vacía y cansadora, no aporta nada al debate constituyente. Al contrario, lo empobrece.
Lo curioso es que esta forma de comunicar no se da solo en San Lorenzo. Se repite, casi calcada, en cada rincón de la provincia. Es como si se hubiera copiado y pegado una campaña genérica, sin lectura territorial, sin identidad y sin conexión real con las preocupaciones de la ciudadanía.
Una vez más, la política pierde la oportunidad de hacer pedagogía democrática. Esta elección podría haber sido una instancia de debate colectivo sobre qué provincia queremos, sobre qué cambios constitucionales necesitamos y por qué. Pero hasta ahora, lo que se impone es el piloto automático: spots vacíos, selfies en recorridas y discursos para entendidos.
Y en el fondo, todo esto también responde a una lógica de apuro. De querer avanzar con una reforma constitucional sin antes generar los espacios necesarios para informar e informarse. Sin tiempo para que la ciudadanía entienda, pregunte, cuestione. Sin intención de abrir el juego. Así, el riesgo no es solo tener una campaña desconectada, sino una reforma hecha a espaldas de la gente.
Por eso, más allá de la campaña y sus fallas, es fundamental que vayamos a votar. Que nos informemos antes de hacerlo. Que entendamos que nuestra decisión es clave, porque lo que está en juego no es menor. Se trata de escribir las reglas del futuro. Y eso no puede ni debe pasar desapercibido.
Por Rocio Jaimes – Publicista (Comunicación Política)
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